Porque durante siglos, las mujeres nos hemos sentado juntas: alrededor del fuego, bajo la luna, en los momentos de celebración y en los de quebranto.
En el círculo no hay jerarquías. No hay quien sabe más o menos. Hay miradas que se sostienen, voces que se escuchan y corazones que laten juntos. Es un espacio donde tu historia importa y donde el simple hecho de estar presente ya es medicina.
Aquí no venimos a arreglarnos ni a convertirnos en otra cosa. Venimos a recordar lo que siempre hemos sido: poderosas, sensibles, capaces de transformar el dolor en sabiduría.
El círculo es un recordatorio: No estás sola en lo que sientes. No estás rota. Y mereces un espacio donde puedas bajar las máscaras y simplemente ser.